La Bola del Agua: Patrimonio Industrial de Celaya

Introducción

“La Bola del Agua”, símbolo importante de la Ciudad de Celaya, ha visto forjar, generación tras generación, un poderoso vínculo de identidad regional. Muchos son los mitos urbanos que giran en torno a su historia, y más las leyendas que han pasado de boca en boca –algunas a manera de chascarrillo como cuando se dice que está llena de cajeta–, pero lo que es un hecho es que, además de ser una estructura funcional que provee de agua a un gran sector de la población, es un Patrimonio Industrial que da testimonio de una época importante del país.

Para la historia de Celaya, es imprescindible conocer la trascendencia e impacto que tuvo la construcción de esta importante obra. Incluso, y como veremos a lo largo de este trabajo, la misma estructura y su historia, son fuente primaria para el estudio, tanto del periodo Porfiriano, como para la Revolución Mexicana. Y aún, sin ningún riesgo de pretensión, podemos contemplarla como un vestigio viviente y funcional de la Segunda Revolución Industrial. Por ello que es pertinente catalogarla como Patrimonio Industrial, en primera instancia, y Monumento Histórico en segunda.

El objetivo de este trabajo es dar a conocer nueva información histórica sobre una construcción de principios de siglo XX que se ha convertido en símbolo de la ciudad de Celaya, enmarcada por los procesos históricos de la Nación mexicana.

C-26 torrehidraulica

Para la realización de este trabajo, se consultaron, como fuentes primarias, documentos del Archivo del Ayuntamiento de Celaya; del Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato; de la colección del Ingeniero Ponciano Aguilar Frías, perteneciente de la Universidad de Guanajuato; y de la colección particular de la Dra. Cinthya Reynoso Ortiz. También se revisaron numerosos trabajos bibliográficos, fotografías antiguas y recientes, se realizaron visitas a la misma estructura de la torre hidráulica y conversaciones con supervisores de la Junta Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (JUMAPA).

En el marco de los festejos del Bicentenario de la Independencia Nacional, el Sistema Municipal de Arte y Cultura de Celaya, a través del Museo de Celaya, Historia Regional, se une a los esfuerzos de la JUMAPA, para presentar orgullosamente la obra que dio vida a los festejos del Centenario de la Independencia Nacional de 1910.

Orlando Puente Zubiaur y Rafael Soldara Luna

Investigación Histórica

Museo de Celaya, Historia Regional.

Los pozos artesianos

Desde la fundación de la ciudad de Celaya, la región ha sido propicia para la agricultura. Sus fértiles tierras, irrigadas por las aguas del río Laja –río que bordea la ciudad por el este y el sur– hicieron de Celaya el “granero” del Bajío durante mucho tiempo. No obstante, hay veces que la obvia relación entre el río y la tierra nos hace olvidar lo que corre por el subsuelo. Bajío las fértiles tierras, el agua filtrada a través de la corteza fluye en potentes corrientes. Esta agua, además de ser potable, transita por cuencas y acuíferos artesianos ideales para la creación de pozos.

A pesar de la cercanía del río, uno de los principales problemas a lo largo de la historia de Celaya fue la distribución del agua. El aprovisionamiento tenía que ser únicamente por medio de pozos que eran perforados en algunos sitios públicos y, principalmente, en propiedades privadas. El agua de riego se empleaba de afluentes y del río Laja.

Hasta la segunda mitad del siglo XIX, se perforó el primer pozo artesiano para la distribución pública de agua el 8 de marzo de 1869, por orden del entonces Jefe Político Coronel Florencio Soria.[1] En aquel entonces, la tecnología para perforar era costosa y de procedimientos defectuosos;[2] sin embargo, estas obras eran vanguardistas y sumamente beneficiosas para la población. Los pozos artesianos aumentan el nivel de sanidad y distribuyen el preciado líquido en todos los sectores sociales. En definitiva, la calidad de vida se ve sumamente beneficiada; es por ello que estas obras eran siempre bien recibidas y aplaudidas por la población. Éste fue el caso de aquel primer pozo artesiano del Coronel Soria. La gente, emocionada y orgullosa al ver brotar agua de manera natural a través del pozo, dirigió a su Jefe Político un cálido agradecimiento por medio de la junta del Ayuntamiento:

El Ayuntamiento de Celaya en sesión extraordinaria de 4 de septiembre de 1869 […] por si y a nombre del pueblo que representa con verdadera satisfacción y poseído de un entusiasmo sin igual, hoy tiene la honra de manifestar sus más justos sentimientos de gratitud al hombre que con una constancia digna de imitar, y con un desinterés absoluto, ha trabajado y trabaja incesantemente por el engrandecimiento de la misma población a pesar de todos los obstáculos con que ha tenido que luchar, […] Nosotros los celayenses, incapaces para responder a tan inmenso beneficio, solo podemos consagrar a usted, como lo hacemos, este sencillo, y cordial Voto de gracia, que esperamos aceptará como una muestra de nuestra verdadera gratitud y nuestro sincero afecto. […][3]

A pesar del éxito que dicha obra tuvo entre la población, la perforación de pozos artesianos para consumo público se suspendió por más de dos décadas. Según un documento de 1899 del Archivo General del Estado de Guanajuato –cuestionario sobre el abastecimiento y conducción de agua transmitido por el Gobierno del Estado a la ciudad de Celaya con el fin de proporcionar información de sanidad sobre las poblaciones de la entidad– la ciudad contaba con tres pozos artesianos, cuatro fuentes públicas, dos hidrantes y once pozos en las inmediaciones. Además, cada casa contaba con un pozo común de los cuales desconocemos sus características.[4] La mayor parte del agua distribuida a la ciudad provenía de aquellos tres pozos artesianos. El primero fue perforado en 1869 por orden del Coronel Soria frente al Palacio Municipal; el segundo se encontraba en el Jardín Obregón, probablemente a un costado del Templo de la Merced, y fue perforado hasta 1897, es decir, 28 años después del primero;[5] y el tercero fue perforado en la Alameda en 1898. Se perforó otro pozo entre 1901 y 1903 en la Plazuela de Santiago; no obstante, este último pozo artesiano fue cerrado debido a la falta de presión de agua: […] no habiéndose logrado que el pozo artesiano que se ha estado perforando en la plazuela de Santiago produjera una cantidad de agua considerable, se dieron por terminados los trabajos. […].[6] Según los reportes científicos de aquellos tiempos: […] Toda el agua de los pozos artesianos es de buena calidad […] es cristalina, sin olor y de un sabor agradable […][7], no tenía ácido sulfúrico ni sulfuroso debido a que la evaporaba, entre otras indicaciones de la Jefatura Política del Distrito de Celaya, no contenía materias orgánicas ni precipitaba el jabón.[8]

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El renovado interés por mejorar la distribución del agua en el Municipio a partir de la década de los noventa del siglo XIX, corresponde al periodo conocido como Porfiriato. Es decir, no es fortuito que se prestara tanto interés por parte del Municipio y del Gobierno estatal al asunto de la sanidad pública y la distribución del agua en una época en que la cientificidad, la tecnología, la sanidad y la educación positivista fueran vistos como “los rieles del tren del progreso”, tren que debía conducir a la Nación al reducido consorcio de los países civilizados.

Durante el resto del siglo XIX y comienzos del XX, los distintos Jefes Políticos de la ciudad dedicaron grandes cantidades de recursos y esfuerzos al mejoramiento de la distribución de agua. Desde aquel estimado Jefe Político, Coronel Soria, en la Ciudad de Celaya se cubrió la demanda de agua potable por medio de pozos artesianos, como bien apuntó el historiador de principios de siglo XX, Luis Velasco y Mendoza: Siendo propicio como lo es el subsuelo, a las corrientes subterráneas, y no contando con otro medio, el agua potable que satisface las necesidades de la Ciudad, procede de esas mismas corrientes; ya que la perforación practicada entre los 95 y 105 metros de profundidad, ha dado lugar al brote del líquido en varios pozos […].[9]

Aunque las acciones del Coronel Soria marcaron un hito en la historia de la ciudad, existió otro Jefe Político capaz de superar cualquier proeza del pasado. En pos del progreso y la modernidad, durante la primera década del siglo XX, Perfecto I. Aranda, Jefe Político de Celaya, decidió terminar de una vez por todas con el problema de la distribución del agua mandando construir una Planta de bombas para el abastecimiento de agua potable en la ciudad. La construcción de esta nueva obra, complicada y sumamente costosa, representó cabalmente los intereses del agonizante régimen porfiriano como símbolo de una ciudad que pretendía mostrarse industrial y moderna; pero también, símbolo de una nación que se vendía civilizada y progresista.

 

La torre hidráulica

Apenas comenzaba el siglo XX y los esfuerzos por distribuir el agua en la ciudad, no cesaban. En la primera década del siglo, durante la prefectura de Perfecto I. Aranda, se perforaron varios pozos artesianos: uno en la Alameda, otro en la plazuela de San Agustín, uno más en la plazuela de Santiago, –pero por falta de presión, el proyecto se suspendió[10]– y finalmente en el antiguo cementerio del Templo de San Francisco. Al respecto, el historiador Velasco y Mendoza comenta lo siguiente:

El Sr. Aranda continuó desarrollando su plan de mejoras materiales; y por lo mismo, dio principio a la perforación de tres pozos artesianos, para remediar la necesidad siempre creciente de agua potable entre el vecindario: en la “Alameda”, en la plazuela de “San Agustín” y en el ex-cementerio de “San Francisco”; siendo de todos ellos el último, el más importante, por el caudal de agua que produjo, pues habiendo principiado los trabajos de perforación, el 11 de Febrero de 1907, a los seis días brotaba el líquido formando un hermoso capelo, con un volumen de tres mil a cuatro mil litros por minuto.[11]

Según la cronista de Celaya, Abigail Carreño de Maldonado, fue don Ignacio Alatorre quien, señalando con el pie derecho, indicó el lugar propicio para la perforación de este pozo.[12] De igual manera, el historiador José Antonio Martínez escribió:

[…] la posición de “La Bola”, se debe a un gesto de amigo que tuvo don Perfecto I. Aranda para con el señor Ignacio Alatorre, con quien departía una mañana viendo moverse las máquinas a vapor frente al templo de San Francisco. De buenas a primeras el coronel le preguntó que dónde le gustaría que se perforara el pozo y su interlocutor, con el pie derecho hizo en la tierra una cruz, como señal de que allí debería hacerse; acto seguido el Jefe Político dio órdenes a Mr. Doors para que sobre la marca, se localizara el pozo que surtiría a toda la ciudad.[13]

Hasta finales del siglo XIX, los drenes de Celaya dependían de grandes túneles subterráneos[14] y de tubos de barro vitrificados. Por otro lado, es importante mencionar que la mayor parte de la ciudad no estaba conectada a la red de distribución. Para llevar agua potable a lugares apartados, se empleaba a los “aguadores”, personas que esperaban con grandes baldes de agua junto a las fuentes y pozos para acarrearla hasta donde fuese necesario. Esta agrupación funcionó hasta la construcción de la Torre hidráulica, también conocida popularmente como “La Bola del Agua”.[15]

Según un díptico publicitario de productos de barro de La Compañía Mexicana de Tubos de Albañal resguardado en el Archivo Histórico de Guanajuato, sus productos, aunque menos resistentes, eran más eficientes que los de fierro: Nuestra tubería de barro vitrificado es la tubería más resistente que se conoce, con excepción de la de fierro, y es superior en muchos conceptos a la de fierro para la conducción de agua potable o de riego.[16] El mismo díptico explica las ventajas de su producto, los costos, recomendaciones de instalación y hasta razones del por qué utilizarlo. No obstante, la realidad es que la industria del acero era la tecnología de punta de aquel momento; y por tanto, el símbolo del progreso y la modernidad. Los impresionantes rascacielos de Chicago o la magnífica Torre Eiffel en París, los dos construidos con acero, eran ejemplos de la tecnología de aquellos tiempos, monumentos industriales, maravillas de la época que sorprendían al mundo por su resistencia y versatilidad. Aquellos eran “los tiempos” del acero y, por supuesto, la ciudad de Perfecto I. Aranda no podía mantenerse al margen si pretendía mostrarse como una ciudad industrial, moderna y tecnológica.

De este modo y a pesar de la costumbre, en 1907 se aprovecharon las buenas condiciones de presión del pozo perforado en el antiguo camposanto de San Francisco, con la instalación de una red de distribución de agua potable hecha con tubos de acero. Para tal efecto, siguiendo los vínculos del señor Alfredo Fink,[17] inmigrante teutón y propietario de la “Ferretería Alemana” en Celaya, se comisionó al Síndico 1º y consejero, licenciado Manuel Concha, para: […] contratar por medio de escritura pública, con la casa comercial “Schöndube & Neugebauer” la compra de […] 2710 metros de tubos de acero “Manneserman” (Mannesmann)[18] […][19] y accesorios. Aquella primera factura con la empresa Schöndube y Neugebauer de México se firmó el 4 de diciembre de 1907 con un valor de $46,500. Así fue como comenzó una larga relación comercial entre el Ayuntamiento de Celaya y la empresa Schöndube.

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Al año siguiente continuaron los asuntos comerciales. En junio de 1908, la ampliación de la red de agua potable se incrementó y, para tal efecto, se extendió el primer contrato con dicha empresa para comprar más material, accesorios y tubos por $8,088.20.[20] En ese mismo mes, la empresa Schöndube propuso al Ayuntamiento de Celaya la construcción de una torre hidráulica para mejorar la distribución del agua.[21] Dicho documento se dirigió con copia para el Inspector de Obras Públicas del Estado de Guanajuato, el Ing. Ponciano Aguilar.[22] El ingeniero Aguilar se entrevistó con el ingeniero de la empresa Schöndube, el señor Saelz, para revisar ciertos ajustes que debían hacerse a la obra para que ésta fuese más económica y rendidora. Finalmente, se plasmó un nuevo presupuesto con las indicaciones que el ingeniero Aguilar realizó.[23]

Los cambios propuestos por el ingeniero guanajuatense pretendían mejorar el abastecimiento y  reducir el gasto a largo plazo. En primer lugar, el ingeniero Aguilar propuso que en vez de tres bombas Express de 90m3 trabajando dos alternadamente y teniendo una de reserva, fuesen dos de 70m3 que trabajasen continuamente. Según la misma empresa Schöndube, la disminución de tres bombas a dos de menor capacidad reduciría el gasto continuo.

Según las indicaciones del señor Aguilar, el gasto por la fuerza motriz es en Celaya mucho más barato cuando los motores trabajan continuamente, por esto los motores pueden trabajar día y noche, y además para las bombas ofrecidas en el nuevo presupuesto se necesitan motores más chicos que los de las bombas del presupuesto anterior, y debido a estas dos circunstancias los gastos originados por el consumo de energía eléctrica son más reducidos.[24]

Al reducir el tamaño de las bombas, se vio reducido el tamaño de los motores, y por tanto, el tamaño y cantidad de otras partes tales como:

[…] la transmisión para las bombas, motores, parte eléctrica, tubería de succión y de presión, y también en la tubería colectora. En estos materiales hemos cambiado un poco las dimensiones y cantidades, lo cual nos fue posible debido a que se han considerado bombas más chicas, y de esta manera se reduce su valor en $5,225. […][25]

Finalmente, al reducir el costo, tamaño y peso de tantas piezas, el tinaco que almacenaría el agua podía ser in                crementado en tamaño y capacidad:

El tanque que tenemos el gusto de ofrecer a U. ahora, tiene una capacidad de 1000 metros cúbicos en lugar de 300 metros cúbicos que era la capacidad del tanque presupuestado anteriormente. Con este tanque se obtiene en el servicio de la planta una seguridad muy grande. Dicho tanque será colocado sobre una construcción de fierro que tiene una altura de 20 metros, de manera que la presión de la tubería sería la misma que con el tanque chico.[26]

El tanque original que la empresa propuso al Ayuntamiento era de forma cilíndrica. Este nuevo depósito era muy distinto al anterior ya que era esférico. Por alguna razón decidieron modificar radicalmente la forma, probablemente por indicaciones del ingeniero Aguilar. Este nuevo tanque tenía tanta capacidad que debía ser conectada a dos pozos artesianos localizados en los antiguos atrios de San Agustín y San Francisco.[27]

Si bien, con la intervención del Ingeniero Aguilar el costo total de la obra aumentó más de una tercera parte, sus indicaciones ayudaron a reducir los gastos de mantenimiento a largo plazo y a crear la estructura tal y como la conocemos actualmente.

 

Tabla 1. Comparación de presupuestos para la construcción de la torre hidráulica
Presupuesto original[28] Presupuesto mejorado por el ingeniero Aguilar[29]
Concepto Costo Concepto Costo
3 bombas Express de 95m3 $7,020 2 bombas Express de 70m3 $4,240
Transmisión para las bombas $845 Transmisión para las bombas $540
Motores y parte eléctrica $2,530 Motores y parte eléctrica $1,720
Tubería de presión y succión $3,910 Tubería de presión y succión $3,450
Tanque con torre $12,820 Tanque con torre $30,100
Tubería colectora $3,590 Tubería colectora $2,720
Total $30,715 Total $42,770
Peso 40,000kg Peso 100,000kg
Capacidad del tanque 300m3 Capacidad del tanque 1000m3

 

No sabemos si el Ingeniero Aguilar diseñó o tuvo relación con la forma esférica del tanque; no obstante, no resultaría extraño si consideramos que intervino en todos los demás aspectos de la obra y, siendo el Ingeniero del Estado e Inspector de Obras Públicas participando ya fuere como supervisor, proyectista, ejecutante o simplemente como perito consultor,[30] debió proponer parte del trabajo, incluso, pudo haber sido co-participante de la edificación.

Tradicionalmente se ha mencionado que el señor Fink, alemán dueño de la “Ferretería Alemana” de Celaya a principios de siglo XX, fue el contacto con la empresa Schöndube. También se indica que el señor Alfredo Fink sabía que en Alemania, la empresa Schöndube había construida una torre idéntica destruida durante la Segunda Guerra Mundial:

[…] Don Alfredo ya tenía noticias que la casa alemana Shondube, había fabricado en su país, una original esfera hidráulica, que se montó en una base que fue sujeta con fuertes cables de acero y era admirada por todos en Stuttgart, Alemania. (Esa hermana gemela de nuestra bola del agua fue totalmente destruida durante la segunda guerra mundial) quedando Celaya como única con bola tan singular […][31]

Desafortunadamente, esta información no ha podido ser corroborada. De ser así, habría sido muy lógica su desaparición ya que la ciudad de Stuttgart fue una de las más devastadas por los bombardeos aliados durante aquella guerra. Sin embargo, si el Ingeniero Ponciano Aguilar tuvo relación con el diseño de la obra, entonces es muy poco probable que hubiese tenido una réplica –tal vez una similar–, de igual manera, si la empresa Schöndube & Neugebauer fue fundada en México, entonces es todavía menos probable que construyera otra idéntica en Alemania. De ser de est         a otra manera, La Bola sería una pieza única en el mundo nacida del conjunto de la ingeniería alemana y mexicana.

Cuatro meses después de la última revisión del presupuesto, el Ayuntamiento de Celaya tomó la decisión de firmar un segundo contrato con la empresa Schöndube & Neugebauer, justamente el 3 de noviembre de 1908. Este segundo contrato, según el libro de Actas del Ayuntamiento de Celaya, fue firmado por la cantidad de $56,460 por concepto de: […] una torre de fierro, bombas y otros útiles y accesorios que se necesitan para la distribución del agua de los pozos artesianos del Municipio.[32]

El año de la construcción de la torre fue en 1909. En el mes de abril de ese año, el Ayuntamiento de Celaya informó a la Secretaría del Estado de Guanajuato que, como parte de los festejos del Centenario, Celaya se preparaba para inaugurar en esas fechas su más reciente obra industrial: una Torre hidráulica de acero para la distribución del agua potable.[33]

[…] la mejora que este Mpio. (Municipio) tiene destinada para que sea inaugurada en celebración del Centenario de esta nuestra Yndependencia, es la distribución de agua potable en la Ciudad por medio de tubos de fierro alemana Mannesmann, para lo cual se necesitará una torre de fierro con una altura de 39 metros, que soportará un tinaco con capacidad de un mil metros cúbicos el cual recibirá el agua que elevarán tres grandes bombas movidas por fuerza eléctrica, que ésta mejora importará a Este Municipio alrededor de $150,000.00 cts. (centavos). […][34]

Para mayo de ese año, el Ayuntamiento decidió, en vista que la empresa Schöndube no pretendía pintar la estructura, al terminar la obra se dejaría espacio adecuado para que cualquier anunciante se pudiera publicitar.[35] Estos anuncios ayudaron al Ayuntamiento a financiar la construcción y mantenimiento de “La Bola” a partir de 1934. No fue sino hasta 1970 que, en el festejo del cuarto centenario de la fundación de la ciudad, se decidió suprimir los permisos para anunciantes, lo que propició que la estructura perdurara como patrimonio industrial y símbolo de la ciudad.[36]

La construcción de la Torre hidráulica, con todo y la red de distribución de agua potable, era una empresa costosa, digna de una importante ciudad industrial. El costo era excesivo y pronto se hizo notar en las arcas de la Tesorería Municipal. Para julio de 1909, ocho meses después de firmar el segundo contrato, la casa comercial Schöndube & Neugebauer de México envió una carta al gobernador del Estado de Guanajuato con propuestas de financiamiento para el Municipio de Celaya y pidiendo garantías al Ayuntamiento para sufragar la deuda contraída con ellos.[37] Dicho asunto fue visto con molestia en el Ayuntamiento de Celaya que, con mucho esfuerzo, habían mantenido constante al menos una parte de los pagos:

[…] que habiendo dado cuenta a la corporación Municipal con las cartas aludidas, vio con extrañeza que se manifiesta una desconfianza que lastima al ayuntamiento, y que no tiene razón de ser si se tiene en cuenta que hasta esta fecha ha cumplido con los compromisos contraídos; que de los $46,500 importe del primer contrato por compra de tubería se les ha abonado la cantidad de $21,000.00 y que de igual manera se cumplirá con los demás compromisos contraídos; que si en los últimos meses pasados no se les ha abonado una, ha sido por los fuertes gastos que se han originado con las rayas de peones ocupados en la instalación de Tubería y cimentación de la torre y además algunas otras que ha sido preciso hacer relacionados con la misma obra. […][38]

Para ese entonces, había dos contratos vigentes entre Schöndube y el Municipio de Celaya. Cada uno con asuntos específicos con respecto a los pagos y a los intereses cobrados. Sin embargo, cada mes surgían nuevos compromisos que eran anexados, ya sea al primero o al segundo contrato: tan sólo entre septiembre y noviembre de 1909, se hicieron tres nuevas anexiones al segundo contrato.[39] Para evitar estas complicaciones e, incluso, facilitar al Ayuntamiento con los pagos e intereses, se propuso hacer un tercero y definitivo contrato que unificara los anteriores. Este último contrato lo firmaron (Fernando Aramburu –representante del Municipio de Celaya– y Francisco Neugebauer –socio de la casa comercial Schöndube & Neugebauer– ante el notario público #46, el Licenciado Manuel Altamira),[40] el 6 de diciembre de 1909 en la ciudad de México, lugar donde se encontraban las oficinas de la compañía Schöndube & Neugebauer de México.

 

Schöndube & Neugebauer

El periodo que conocemos como Porfiriato se caracterizó porque México tuvo tiempos de paz y estabilidad económica después de un siglo de intervenciones y guerras civiles. […] Se adoptó un estilo urbano sin dejar atrás la influencia de las ideas positivistas, de progreso y modernidad en la vida cotidiana de los mexicanos.[41] Fueron décadas de auge económico, industrial y cultural; pero también, caracterizado por la desigualdad social.

El gobierno de Porfirio Díaz abrió las puertas a la inversión extranjera y a la inmigración europea. Por un lado, se pretendía urbanizar e industrializar al país apoyándose en la inversión externa. Por otro, copiar el estilo de vida europea como modelo de civilización para México. De este modo, la inmigración extranjera era vital, según el pensamiento de la época, para el progreso del pueblo mexicano. Durante el Porfiriato, la inmigración se consideró una necesidad indispensable para el desarrollo cultural, económico y político del país. Según Mónika Szente-Varga, historiadora especialista en el tema, algunas razones para fomentar la inmigración extranjera en la época referida, fueron:[42]

  • Se creía que había relación entre la baja población mexicana y los recursos naturales no explotados.
  • El poder industrial y militar de un país residía en su número de habitantes.
  • El hecho de que Estados Unidos estuviese conformado por extranjeros.
  • El desarrollo y el progreso no era posible con la raza india y mestiza, se necesitaba “blanquear”, alterar la composición racial de la población.
  • Apoyar al extranjero era apoyar la propiedad privada que compitiera con el sistema de haciendas.

En definitiva, según el pensamiento de la época, se tenía razones de sobra para abrir las puertas a cualquier inmigrante europeo o, incluso, estadounidense. También, recibían tanto apoyo del gobierno, que muchos de ellos lograban establecer negocios verdaderamente exitosos en México. Dos ejemplos de lo anterior fueron Enrique Schöndube y Francisco Neugebauer. Desafortunadamente, existen pocos datos acerca de Enrique Schöndube. Lo único que se sabe es que el apellido Schöndube es de origen alemán, y quizá, es la razón por la cual su empresa, Schöndube & Neugebauer de México, tenía nexos comerciales directos con la empresa Allgemeine Elektricitäts Gesellschaft Berlin (Compañía General de Electricidad Alemana de Berlín), importante empresa alemana de electricidad a nivel mundial.[43]

Por otro lado, de Francisco Neugebauer se sabe que fue embajador honorario (1906-1908) del Imperio Austrohúngaro,[44] es probable que por ello, la mayoría de sus negocios fueran directamente con gobiernos.[45] Para ser embajador honorario, era necesario cubrir ciertos requisitos importantes:[46]

  • Vivir con anticipación en la ciudad donde se proyectaba abrir el consulado.
  • Poseer suficientes recursos monetarios para sostener el consulado.
  • Mantener relaciones sociales influyentes.
  • Tener experiencia comercial o ser comerciante en activo preferentemente.
  • Tener conocimientos referentes al país que se representa.
  • Hablar los dos idiomas.

Estos requisitos nos indican que el cónsul honorario era una persona respetada en su país, pero aún más importante, debía ser un comerciante exitoso y reconocido en el país de residencia. Debía ser un hombre que pudiera moverse en diversos círculos sociales importantes del país sede de su consulado. Es decir, el candidato era escogido según el tiempo que llevara radicando y el éxito de su negocio. Esto nos muestra que Neugebauer era un comerciante que hablaba español y residente algunos años atrás de la Ciudad de México.

Al aceptar la corona mexicana de manos de Napoleón III y los conservadores mexicanos, Maximiliano de Habsburgo, por orden de su hermano el emperador Francisco José, tuvo que renunciar a los derechos de sucesión imperial como príncipe del Imperio Austrohúngaro. Después de su fusilamiento en 1867 las relaciones diplomáticas con muchos de los países europeos se vieron seriamente afectadas. Había poca o ninguna inmigración extranjera, mientras que la inversión externa, prácticamente no prestaba atención a México. Francisco José rompió relaciones diplomáticas y comerciales con México indefinidamente. Empero, todo ello cambió con la llegada al poder de Porfirio Díaz. En un intento por reivindicar la imagen de México en el exterior y conseguir diálogo bilateral con las poderosas monarquías europeas, se consagró la Capilla Expiatoria de Maximiliano en Querétaro en 1901, con la visita del príncipe Khevenhüller –Metsch. Con este hecho, las  relaciones entre ambos países se restablecieron, ambos colocaron representaciones en el territorio del otro (Viena y México) y, a partir de 1901, migración de origen húngara, austriaca y alemana comenzó a fluir por nuestro país.[47]

Francisco Neugebauer fue uno de esos inmigrantes que a principios del siglo XX llegó a México con la intención de invertir. De algún modo conoció a Enrique Schöndube y juntos se asociaron para crear su empresa. Schöndube tenía las relaciones comerciales y Neugebauer los contactos políticos. Sabemos que su sede estaba en la ciudad de México, al igual que la sede consular del Imperio, y que ahí tenían una tienda de electrodomésticos muy famosa que anunciaba exhibiciones de estufas y aparatos eléctricos.[48] Debido a que estos dos hombres eran de nacionalidades distintas y que al menos Neugebauer debía llevar algunos años en México, podemos considerar que esta asociación se realizó aquí, incluso es probable que, al haber sido Neugebauer cónsul, Schöndube lo hubiese buscado para asociarse con él.

En aquellos tiempos porfirianos, la intervención de extranjeros en ámbitos culturales era cosa de todos los días, y Schöndube & Neugebauer eran solicitados en muchos aspectos, incluso, en la instalación eléctrica de los ostentosos teatros de la élite porfiriana:

La inversión extranjera se expandía, se llamaba a la inmigración para alentar el proceso “civilizatorio” y los afanes de modernidad se manifestaban en diferentes aspectos de la vida económica y política. […] Eran ya numerosos los teatros a todo lujo que se habían instalado. El Colón es un buen ejemplo. Se inauguró en 1909; el cineasta Juan Bustillos Oro recordaba la maciza armazón de acero confeccionada por Benigno Zamudio, quien también forjó en hierro, y doró después a fuego, la gran araña, en forma de corona imperial invertida, que iluminaría al salón con sus cuatrocientos treinta y ocho lámparas. La red eléctrica para alimentar a los dos mil focos del lugar resultó buen ejemplo de Schöndube y Neugebauer.[49]

Al parecer, esos fueron años importantes para la empresa Schöndube: la construcción de la Torre hidráulica de Celaya y la instalación eléctrica del teatro Colón en la Ciudad de México. Sin embargo, esos no fueron todos los trabajos realizados por la empresa. En 1908 crearon la red de agua potable y distribución de la ciudad de Aguascalientes, así como un plano de la ciudad,[50] y el 2 de diciembre de 1909 firmaron contrato con la ciudad de Querétaro para instalar el nuevo sistema de agua potable y drenaje.[51]

 

 

 

El Centenario

El año de 1910 fue ajetreado para México. La inconformidad social y las elecciones para Presidente de la República se mezclaron con los monumentales esfuerzos del festejo del Centenario. La inversión del Estado se destinaba a honrar de manera majestuosa los cien años de la Independencia Nacional. Obras públicas se inauguraban en todo el país;[52] Se exhortaba a los municipios a limpiar las calles principales y a conmemorar de manera digna y honrosa a los héroes insurgentes y el gobierno pedía, desde la imprenta, que la gente donara dinero para los festejos.[53] En Celaya también se hizo notar la efervescencia centenaria. El Ayuntamiento inauguró dos escuelas, una biblioteca y cambió nombres de algunas calles y plazas. En 1906 se había cambiado la Columna de la Independencia, fue instalado el Kiosco del Jardín principal y se emplazó mobiliario urbano; incluso, se pidió a la gente que, por cuenta propia, pintara la fachada de sus propiedades y cualquier muro con vista al exterior.[54] Pero ninguna de estas obras tuvo la envergadura, como ya mencionamos más arriba, como los preparativos para la gran inauguración de la torre hidráulica en conmemoración de la Independencia.

El Gobierno del Estado estaba tan complacido con la torre hidráulica de Celaya que, en mayo de ese año, pidió al Municipio de Celaya que se encargara una maqueta de la obra para exponerla en la Exposición de Higiene del Centenario:

[…] el Concejo recibió con satisfacción el informe del C. Jefe Político de Celaya, acerca de la gran instalación para el abastecimiento de agua potable en dicha ciudad, que es una verdadera obra de higiene pública, que honra al Estado de Guanajuato y a su Gobierno, por la magnitud y utilidad de la obra. Que en vista de la importancia de dicha obra y de que es única en su género en todo el país, se permite encarecer al mismo Gobierno, tenga bien acordar se haga un modelo de ella a escala de dos y medio por ciento y con alambre y hojalata, con al que se dará en la Exposición de Higiene, idea exacta de la importante mejora. […][55]

Dicha maqueta fue fotografiada y aparece en la Crónica oficial de las fiestas del primer Centenario de la Independencia de México.[56]

A principios de ese año, los trabajos por terminar la torre hidráulica continuaron sin cesar. Se limpiaron pozos, se propusieron nuevas bombas y se terminaron de instalar todas las piezas traídas de Alemania en barco y ferrocarril.[57] Finalmente, el 15 de abril dejaron de sonar los martillos de vapor de los técnicos sajones, ese día se entregó oficialmente la obra al Municipio faltando solamente algunos detalles –como los vidrios del cuarto de máquinas– por instalarse.[58] Según el informe del 5 de abril de los Ing. Ponciano Aguilar y Amado Saavedra, […] manifiestan que encontraron cumplidas las condiciones impuestas en el contrato respectivo faltando solamente la colocación de los cristales en la casa de máquinas y algunos accesorios de escasa importancia fáciles de suplir […].[59] En su entorno, desde entonces llamado Jardín Perfecto I. Aranda, fueron instaladas esculturas de deidades grecolatinas sobre sendos pedestales, las cuales se encontraban desde el siglo XIX en el Jardín de la Constitución. Estas esculturas representan la fauna, el comercio, la agricultura y la industria y se localizan actualmente en la Alameda Hidalgo.[60]

Desde el día seis y hasta el quince de septiembre, se realizaron los festejos en Celaya. En el Paseo de la Alameda se ejecutó por primera vez en Celaya la Jura a la Bandera, se repartió ropa y juguetes a niños menesterosos, se inauguraron los Baños del Centenario y la estatua del Gral. Ignacio Allende, y el día 16 se realizó un emotivo desfile:

[…] El 16, el desfile cívico que como de costumbre estaba formado por los alumnos de los planteles educativos, los gremios de artes, oficios y profesionales, la guarnición militar de la ciudad, y la comitiva oficial presidida por el Jefe político, llegó hasta el jardín de “San Francisco o de la Independencia” para inaugurar allí oficialmente el depósito metálico de forma esférica o torre hidráulica […][61]

La obra se inauguró el 16 develando una placa de mármol a la entrada del cuarto de máquinas que dice lo siguiente:

Esta torre fue construida a expensas del municipio de esta ciudad en el año de 1910, y se inauguró oficialmente el día 15 de septiembre, día del Centenario de la proclamación de la Independencia de México; siendo gobernador del estado el Sr. Lic. D. Joaquín Obregón González, quien dio todo su apoyo moral a la construcción. La obra y todo lo relativo a la provisión de agua potable, fue proyectada y llevada a cabo por el señor Jefe Político del Distrito Don Perfecto I. Aranda. Su costo total con la entubación limitada a dos circuitos fue de $161, 520.84 centavos.[62]

Habiendo transcurrido los festejos de manera pacífica y agradable para toda la población, el Jefe Político envió un reporte al Gobernador del Estado informándole:

Me es honroso participarle a Ud., para conocimiento del Ciudadano Gobernador, que durante la primera quincena del mes que cursa, permanecieron inalterables la seguridad y el orden públicos en todo el Distrito a mi cargo, no habiendo ocurrido caso de robo ni algún otro acontecimiento desagradable, digno de llamar la atención.

Los festejos del Centenario de la proclamación de nuestra Independencia Nacional, se verificaron con sujeción al programa de que, con el carácter de Presidente del H. Ayuntamiento, di cuenta a esa Secretaría en oficio número 215 fecha 9 del mismo mes que cursa, inaugurándose las mejoras materiales que en el mismo se mencionan.

Fue unánime el entusiasmo en todos los vecinos de esta población, para celebrar tan grandiosa epopeya, se notó la espontaneidad en adornar las fachadas de las casas los días 14,15 y 16, e iluminarlas por las noches, contribuyendo esto al mayor lucimiento de las fiestas y no habiéndose registrado durante ellas ni la menor nota discordante. […][63]

“La Bola” se inauguró con tanto entusiasmo debido a que representaba, en muchos sentidos, el pensamiento de una época. La migración europea, la inversión extranjera, el progreso expresado en la tecnología de punta y el énfasis en la higiene y salud pública de la modernidad; eran rasgos culturales del periodo plasmados en esa estructura. No fue pensada como un monumento histórico, sino como patrimonio industrial para las generaciones futuras.

 

Los años venideros

El mismo año de la inauguración de la Torre hidráulica, la Revolución Mexicana estalló. Como era de esperarse en una obra de esa magnitud, la ciudad de Celaya contrajo terribles deudas con la empresa Schöndube. En aquellos tiempos violentos de guerra civil, mantener una fortuna era difícil, pero mantener un presupuesto municipal era prácticamente imposible. Cada nuevo grupo revolucionario emitía su propia moneda, por supuesto, sin estar respaldada. Se exigía a los municipios que colaboraran con el esfuerzo bélico, había alzas en los precios de materias primas, algunos productos dejaban de circular, las partidas de guerra asaltaban y saqueaban poblaciones, etc. Para 1911, el Municipio de Celaya debía a la casa comercial Schöndube $122,489.51[64] de los $161,520.84 que costó el total de la obra. Para imaginar esta cifra, contemplemos que el sueldo de un soldado […] para servir en el Ejército Nacional por sólo seis meses; los soldados ganarán $1, los cabos $1.25, los sargentos segundos $1.50 y los sargentos primero $1.75. […].[65]La situación era terrible, algunas poblaciones no habían visto tanto caos desde las sangrientas guerras de intervención del siglo XIX.

“[…] exhaustos, el Tesoro del Estado sin cuartilla, mendigando préstamos por la primera vez en su vida: las poblaciones alarmas y vigilias continuas y todo en desarreglo, todo en desbarajuste: las prisiones pletóricas, los talleres vacíos, los asesinatos y robos a la orden del día.”[66]

La crisis económica era tan severa que en 1915 el Jefe Político de Celaya se vio en la necesidad de emitir cinco mil pesos en monedas de cartón.[67] Tratando de saldar las deudas, fue ineludible que la casa acreedora cobrara las cuotas mensuales por el consumo del líquido.[68] Finalmente, hasta enero de 1933 la torre pasó a manos del Municipio.[69]

 

Actualmente

La torre hidráulica –mejor conocida como “La Bola del Agua” – con sus 41 metros de circunferencia y 44 metros de altura, 396 metros de profundidad del pozo y una centuria de años, sigue funcionando. Su tanque de aproximadamente 1000 m3 abastece, con su característica agua potable caliente, al llamado “Sector La Bola” que comprende: la Zona Centro, el Barrio de Santiaguito, de Santo Cristo y La Resurrección; es decir, 926,836 m2 de la ciudad que equivale a más de 16 mil habitantes.[70] El agua es almacenada en una enorme cisterna dividida en tres secciones con profundidad aproximada de 3 metros y capacidad de 173 metros cúbicos.[71] Desde la edificación de la estructura, el agua es clorada a niveles controlados con el objetivo de mantener la higiene pública.

Actualmente, ligeros son los cambios perceptibles por la gente que transita a un lado del coloso plateado. Por un lado, los ensordecedores ruidos de las bombas que trabajaban día y noche han dejado de sonar –y es que ahora cuenta con motores sumergibles que consumen menos energía eléctrica y mayor limpieza del agua–; la empresa petrolera “Gasolina Águila”, la cervecera “Carta Blanca”, la empresa de “Refrigeración Comercial Nieto” o el famoso refresco “Pepsi-Cola” fueron publicitados en la cisterna de la Bola durante muchos años hasta que fueron prohibidos en 1970; y, por otro lado, desde la administración del Honorable Ayuntamiento 2003-2006, se puso en práctica el “Plan Luz” –iluminación nocturna de los principales monumentos de la ciudad– el cual ilumina “La Bola” de manera espectacular con un juego de luminarias azules y amarillas que se alternan constantemente. No obstante, son varias las modificaciones que la torre hidráulica ha sufrido a lo largo de una centuria para garantizar su conservación y funcionamiento. Muchas de las piezas del cuarto de máquinas han sido reemplazadas, desafortunadamente, algunas de ellas han quedado extraviadas, otras se han preservado bajo el sabio resguardo de la Junta Municipal de Agua Potable y Alcantarillado (JUMAPA); ahora, por precaución y para preservación de la misma estructura, el tanque esférico de la torre no se llena a su máxima capacidad; cuenta con electro-niveles que se activan automáticamente y dejan salir el agua para su distribución; el funcionamiento es constantemente vigilado por elementos humanos y vía telemetría y, finalmente, ya no se extrae agua del mismo pozo. Ahora se alimenta de otro pozo próximo de más de trescientos metros de profundidad, y de hecho, han sido varios los pozos que se han perforado para cubrir la gran demanda de la población.

A cien años de la inauguración de “La Bola” en los preparativos para conmemorar tan magna obra, producto de la ingeniería alemana y mexicana, los cristales rotos o faltantes del cuarto de máquinas serán reemplazados; cada pieza de su funcionamiento ha sido cuidadosamente revisada y limpiada; se sustituyó el concreto de la base de la estructura, fueron pulidos sus pisos y los trabajos de restauración y mantenimiento avanzan día con día teniendo como meta su preservación en el marco de los festejos del Bicentenario de la Independencia Nacional y Revolución Mexicana. Para ese efecto, se proyectó la realización de una exposición fotográfica en sus instalaciones, mismas que por primera ocasión en su historia abrirá sus puertas del 15 al 30 de septiembre de 2010, para recibir la visita de propios y extraños.

Esta estructura única, la misma que vio pasar a los generales Francisco Villa y Álvaro Obregón, construida tiempo atrás en los días de aquellos grandes señores: Aranda, Aguilar y Schöndube; se mantiene en pie como prueba irrevocable de la tecnología de una época, símbolo de tiempos remotos, orgulloso patrimonio industrial que da vida y vínculo de unidad a toda una ciudad que, en palabras del historiador José Antonio Martínez, se ha convertido en legítima divisa citadina, según pontificara “Solón”: “un moderno blasón de su abolengo”.[72]

 

 

 

Fuentes documentales

Archivo

A.A.C. Archivo del Ayuntamiento de Celaya

A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1907, fs. 7-9, 2 de diciembre de 1907.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1908, fs. 16v-17v, 10 de junio de 1908.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1908, fs. 22v-23v, 3 de noviembre de 1908.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 29v-31, 27 de abril de 1909.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 31-32v, 21 de mayo de 1909.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 35-36v, 16 de julio de 1909.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 38-39, 3 de septiembre de 1909.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 40-40v, 4 de octubre de 1909.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 42-42v, 16 de noviembre de 1909.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 44-45v, 11 de enero de 1910.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 46-47, 7 de marzo de 1910.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 47-48v, 5 de abril de 1910.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 49-52v, 4 de mayo de 1910.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 53-54v, 6 de junio de 1910.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 54v-55v, 5 de julio de 1910.
A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1911, fs. 64-45v, 30 de enero de 1911.

 

A.G.G.E.G. Archivo General del Gobierno del Estado de Guanajuato

A.G.G.E.G., Secretaría de Gobierno, Municipios-Celaya, caja 247, exp. 3, 1899.
A.G.G.E.G., Secretaría de Gobierno, Municipios-Celaya, caja 249, exp. 32, 1903.
A.G.G.E.G., Secretaría de Gobierno, Municipios-Celaya, caja 250, exp. 38, 1904.
A.G.G.E.G., s/f, s/s, s/e, (Periódico del Estado Libre y Soberano de Guanajuato, Julio-Diciembre de 1908).
A.G.G.E.G., s/f, s/s, s/e, (Periódico del Estado Libre y Soberano de Guanajuato, Enero-Junio de 1908).

 

A.H.G. Archivo Histórico de Guanajuato, Dirección de Apoyo Académico, Universidad de Guanajuato.

A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 602, Expediente 23, 1908, (Bombas para el abastecimiento de agua potable de Celaya).
A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 603, Expediente 24, 1908, (Bombas para el abastecimiento de agua potable de Celaya).
A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 603-605, Expediente 24-25, 1908, (Promoción de tubos Mannesmann).
A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, inventario 607, Expediente 40, 1909, (Carta a Perfecto I. Aranda)
A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 620, Expediente 41, 1908, (Propuesta tubos de saneamiento).
A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 620, Expediente 40, 1908, (Carta al Gobernador).
A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, s/e, s/a, (Compañía Mexicana de Tubos de Albañal).

 

 

C.P.C.R.O. Colección Particular de Cinthya Reynoso Ortiz.

C.P.C.R.O., (Copia en prensa del contrato entre el Ayuntamiento de Celaya y Schöndube & Neugebauer), fs. 0-3v, s/c.

 

Bibliografía

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Cibergrafía 

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Museografía

Museo de Celaya, Historia Regional.

[1] Luis Velasco y Mendoza, Historia de la Ciudad de Celaya, tomo III, p. 106.

[2] “El obrero católico”, número extraordinario, Celaya, Gto., 1 de enero de 1907, p. 12-14, apud., Rafael Soldara Luna, Los túneles de Celaya y la distribución del agua, p. 72-74.

[3] Ibídem.

[4] A.G.G.E.G., Secretaría de Gobierno, Municipios-Celaya, caja 247, exp. 3, 1899.

[5] El documento anterior indica que uno de los pozos se encontraba en el Templo de la Merced, otro documento de 1903, que da noticia de las mejoras y el gasto del presupuesto en obras públicas entre 1893 y 1903, indica que se terminó un pozo en 1897 en el Jardín Obregón, el cual, según el historiador José Antonio Martínez, se encontraba en el actual mercado 5 de febrero. A.G.G.E.G., loc. cit., caja 247, exp. 3, 1899. Cfr., A.G.G.E.G., Secretaría de Gobierno, Municipios-Celaya, caja 249, exp. 32, 1903. Cfr., José Antonio Martínez Álvarez, Celaya: su centro histórico, p. 195.

[6] A.G.G.E.G., Secretaría de Gobierno, Municipios-Celaya, caja 250, exp. 38, 1904, foja 4.

[7] A.G.G.E.G., loc. cit., caja 247, exp. 3, 1899, foja 1.

[8] Ídem., foja 1-1v.

[9] Velasco y Mendoza, loc. cit., p. 32-33.

[10] (vid supra, p. 5.)

[11] Velasco y Mendoza, loc. cit., p. 201-202.

[12] Abigaíl Carreño de Maldonado, Celaya de siempre…, p. 132.

[13] Martínez Álvarez, Celaya…, loc. cit., p. 173.

[14] En este trabajo no hablaremos de los famosos túneles de Celaya debido a que nos desvía del tema central. Sobre ello se recomienda Rafael Soldara Luna, Los túneles de Celaya y la distribución del agua.

[15] Martínez Álvarez, Celaya…, loc. cit., p. 174.

[16] A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, s/e, s/a, (Compañía Mexicana de Tubos de Albañal), f. 1.

[17] Carreño de Maldonado, loc. cit., p. 131.

[18] El escribano hace referencia a los tubos de acero de la casa de herramientas alemana Mannesmann A.G. fundada en 1890 por Reinhard y Max Mannesmann; precursores del procedimiento a paso de peregrino, que permite fabricar tubos de acero sin costura capaces de soportar altas presiones.

[19] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1907, fs. 7-9, 2 de diciembre de 1907, f. 8.

[20] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1908, fs. 16v-17v, 10 de junio de 1908, f. 17.

[21] A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 603, Expediente 24, 1908, (Bombas para el abastecimiento de agua potable de Celaya).

[22] Ponciano Aguilar Frías (1853-1935) fue un prestigiado ingeniero de Guanajuato elegido por el gobierno estatal de 1894-1914 como “Ingeniero del Estado e Inspector de Obras Públicas”. Rafael Soldara Luna, “Ponciano Aguilar y el abastecimiento de agua potable en Celaya”, en Tesauro, p. 2.

[23] A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 602, Expediente 23, 1908, (Bombas para el abastecimiento de agua potable de Celaya).

[24]A.H.G., loc. cit., Inventario 602, Expediente 23, 1908, f.2.

[25] Ibídem.

[26] A.H.G., loc. cit., Inventario 602, Expediente 23, 1908, f.2.

[27] (vid), A.H.G., loc. cit., Inventario 603, Expediente 24, 1908.

[28] A.H.G., loc. cit., Inventario 602, Expediente 23, 1908.

[29] A.H.G., loc. cit., Inventario 603, Expediente 24, 1908.

[30] Soldara Luna, “Ponciano…” loc. cit., p. 2.

[31] Carreño de Maldonado, loc. cit., p. 131.

[32] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1908, fs. 22v-23v, 3 de noviembre de 1908, f. 23.

[33] Ibídem.

[34] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 29v-31, 27 de abril de 1909.

[35] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 31-32v, 21 de mayo de 1909.

[36] Martínez Álvarez, Celaya… loc. cit., p. 175.

[37] A.H.G., Ing. Ponciano Aguilar, Carpeta 9, Inventario 620, Expediente 40, 1908, (Carta al Gobernador).

[38] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 35-36v, 16 de julio de 1909, f. 36-36v.

[39] vid, A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 38-39, 3 de septiembre de 1909; A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 40-40v, 4 de octubre de 1909; A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1909, fs. 42-42v, 16 de noviembre de 1909.

[40] C.P.C.R.O., (Copia en prensa del contrato entre el Ayuntamiento de Celaya y Schöndube & Neugebauer), fs. 0-3v, s/c.

[41] Museo de Celaya, Historia Regional, Cédula Sala 7: Celaya durante el Porfiriato. (Consultado el 4 de agosto del 2010).

[42] Mónika Szente-Varga, Migración húngara a México entre 1901 y 1950, p. 31-33.

[43] AEG  fue una importante empresa de electricidad alemana durante finales del siglo XIX y principios del XX. Fue fundada en 1883 tras haber comprado los derechos de parte de los inventos de Edison. Originalmente se llamó Deutsche Edison Gesellschaft für Angewandte Electricität (Compañía Edison Alemana de Electricidad Aplicada). La empresa fue absorbida en 1997 por Daimler Chrysler.

[44] Szente-Varga, loc. cit., p. 111.

[45] (vid infra., p. 15)

[46] Szente-Varga, op. cit., p. 109-110.

[47] Szente-Varga, loc. cit., p. 106.

[48] Julieta Ortiz Gaitán, Imágenes del deseo, p. 388.

[49] Carlos Martínez Assad, La patria en el Paseo de la Reforma, p. 77.

[50] Catálogo de la Mapoteca Histórica del Archivo Histórico del Estado de Aguascalientes. Versión electrónica. Consultado el 29 de julio del 2010.

http://www.aguascalientes.gob.mx/SEGGOB/archivoHistorico/docs/MAPOTECA.pdf.

[51] Blanca Estela Suárez Cortés, Historia de los usos del agua en México. Oligarquías, empresas y ayuntamientos (1840-1940), p. 206.

[52] Un ejemplo de estas obras es el Túnel Porfirio Díaz en la ciudad de Guanajuato inaugurado en 1908. A.G.G.E.G., s/f, s/s, s/e, (Periódico del Estado Libre y Soberano de Guanajuato, Julio-Diciembre de 1908).

[53] A.G.G.E.G., s/f, s/s, s/e, (Periódico del Estado Libre y Soberano de Guanajuato, Enero-Junio de 1908).

[54] (vid), A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 46-47, 7 de marzo de 1910, (vid), A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 54v-55v, 5 de julio de 1910, (vid), A.A.C., Loc. cit., 27 de abril de 1909.

[55] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 49-52v, 4 de mayo de 1910, f. 49.

[56] Genaro García, Crónica oficial de las fiestas del primer Centenario de la Independencia de México, p. 258.

[57] (vid), A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 44-45v, 11 de enero de 1910, (vid), A.A.C., Loc. cit., 5 de julio de 1910.

[58] A.A.C., loc. cit., 4 de mayo de 1910, f. 51.

[59] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1910, fs. 47-48v, 5 de abril de 1910, f. 47-47v.

[60] Martínez Álvarez, Celaya… loc. cit., p. 172-173.

[61] Velasco y Mendoza, loc. cit., tomo III, p. 210.

[62] Cita textual tomada de la placa de mármol de la torre hidráulica.

[63] Martínez Álvarez, Fuentes… loc. cit., p. 159.

[64] A.A.C., Actas 1907-1912, libro 228, año 1911, fs. 64-45v, 30 de enero de 1911.

[65] Martínez Álvarez, Fuentes… op. cit., p. 168.

[66] Periódico la Vanguardia, Apud. Yolia Tortelero Cervantes, “Alteración de la vida diaria de los habitantes de Celaya, Guanajuato. Una perspectiva más de la batalla entre Villa y Obregón”, en Sólo historia, p. 11.

[67] Tortelero Cervantes, loc. cit., p. 12.

[68] Carreño de Maldonado, loc. cit., p. 132.

[69] Martínez Álvarez, Celaya… loc. cit., p. 175.

[70] Información provista por JUMAPA (Junta Municipal de Agua Pública y Alcantarillado de Celaya).

[71] A.A.C., loc. cit., 5 de abril de 1910.

[72] Martínez Álvarez, Celaya… loc. cit., p. 175.

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